El calentamiento global

 “No estamos defendiendo la tierra. Estamos defendiendo la vida.” Pedro Uc


El calentamiento global no lo provocaron los pueblos que caminan para ir al mercado, que siembran sin destruir, ni los que viven con lo mínimo. Esta crisis es producto de un sistema económico voraz, promovido por gobiernos y élites que han basado su poder en la extracción ilimitada de recursos. Lo más grave es que ahora los mismos que arrasaron con la Tierra, aparecen como sus “salvadores”.


Como dijo el físico David Bohm, es una gran ironía que quienes destruyen el mundo pretendan ser los encargados de repararlo. Su pensamiento, profundamente crítico del modo fragmentado en que pensamos y actuamos, sugiere que no se puede resolver un problema utilizando la misma lógica que lo creó.


Esta lógica se manifiesta en la minería a cielo abierto, en la expansión de megaproyectos turísticos, en la construcción de aeropuertos y trenes sobre tierras vivas. Todo en nombre del progreso, todo diseñado para enriquecer a los de siempre. Las decisiones se toman en oficinas refrigeradas, a miles de kilómetros de los ríos y montañas que serán sacrificados. Las consecuencias, sin embargo, las pagan los pueblos: enfermedades, sequías, migración forzada, pérdida de cultura.


Mientras tanto, los más ricos siguen volando en aviones privados y consumiendo recursos a niveles obscenos. Según Oxfam, el 1% más rico del mundo emite el doble de carbono que la mitad más pobre. Pero el discurso oficial insiste en pedirle a los pobres que “cambien su comportamiento”, como si su vida simple fuera el problema.


El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo resumió con su aguda lucidez:


“Los que trabajan no comen. Los que comen no trabajan. Los que rezan no creen. Los que creen no piensan. Los que piensan no actúan.”




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